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La historia social del Zika

Las respuestas ante la emergencia de la epidemia del Zika en las Américas han sido particularmente dinámicas y multifacéticas, con los medios, la comunidad científica y las agencias internacionales y gubernamentales invirtiendo en la producción de evidencias y de estrategias de contingencia para contener el escenario epidémico. El fenómeno puede ser analizado bajo la perspectiva de las ciencias sociales en distintos niveles, como por ejemplo, la experiencia de los afectados por la epidemia y sus vulnerabilidades socioambientales, los aspectos programáticos priorizados en la respuesta o las implicaciones en el plano de la garantía de los derechos sexuales y reproductivos.

En esta entrevista, focalizamos las formas de articulación entre los distintos actores involucrados, teniendo como punto de referencia la historia social de la epidemia del Sida y sus significados, además de las semejanzas y diferencias en el contexto de emergencia del Sida y del Zika en Brasil (por casualidad, ambos retrovirus). Referencias políticas de ese proceso son, por ejemplo, las llamadas transiciones democráticas en América Latina a partir de los años 1980, así como el actual trasfondo de crisis política y económica.

A partir de su análisis sobre la conformación de las relaciones entre activismo, cooperación internacional y producción científica, consagrada en el libro Ciência, poder, acção: as respostas à Sida (originalmente publicado en 1999 en inglés y en 2002 en portugués), ¿cómo se actualiza su lectura sobre las articulaciones entre la ciencia producida en los países hoy en día llamados del norte global y del sur global? Teniendo en cuenta las inversiones en ciencia y tecnología hechas en Brasil en la década más reciente, ¿qué cambios percibe en relación a la necesidad de cooperación, así como de reconocimiento científico en ese escenario?

Es indispensable pensar articuladamente los diferentes actores y planos involucrados en la epidemia, e incluso estar en estrecho contacto con las políticas públicas y la acción inmediata. En la historia de las epidemias podemos hacer grandes articulaciones narrativas, no faltan excelentes trabajos sobre la peste, el cólera, la viruela, la enfermedad del sueño, etc., pero que suelen distar algunas generaciones e incluso siglos. En el caso del Sida, como ahora el Zika, y algunos otros, estamos con lo inmediato en las manos, y la urgencia no debe precipitar respuestas simplificadas; por el contrario, nos obliga a reflexionar más y usar al máximo nuestras capacidades analíticas y críticas. Lo que se aprende trabajando con Sida al inicio de la epidemia, cuando todas las semanas surgían nuevas teorías, hechos clínicos, movimientos sociales, etc., sobrepasa la esfera de la propia epidemia y sirve de lección para lo que puede venir después. El esfuerzo de descifrar, conocer, analizar, articular, siempre sobre lo ocurrido, involucrando los diversos actores sociales implicados –comenzando por los portadores de VIH, pero también los profesionales de salud, las comunidades, los científicos, los investigadores de laboratorio, las agencias internacionales, las ONG, los gobiernos, financiadores, etc.– hizo más claro y más obvio que ninguna epidemia puede ser enfrentada únicamente a partir de un punto de vista, por más central que ese punto de vista pueda ser. O sea, no basta pensar en estrategias verticales, en ‘balas mágicas’, remedios específicos, vacunas, aunque sean todos muy importantes y deban ser una de las prioridades. No sirve pensar que van a solucionar todo –pueden incluso no solucionar absolutamente nada si fueran aplicados sin atención al contexto. De todos los lados nos llegan ejemplos de cómo intervenciones bienintencionadas pueden ser contraproducentes y, en lugar de alcanzar las metas propuestas, simplemente alienar el público.

Respondiendo más directamente la cuestión sobre la diferencia en las relaciones norte/sur en el campo de la ciencia, creo que podemos decir que el contexto geopolítico cambió bastante entre los primeros tiempos del Sida y el presente. En los años 1980, pese a que muchos investigadores brasileños trabajaban en los principales laboratorios internacionales y a lo mucho que se hacía en los laboratorios y lugares de investigación en Brasil, la ciencia brasileña era relativamente poco visible, poco reconocida en el llamado ‘norte’. Todos nosotros conocemos varios ejemplos de trabajos llevados a cabo en la antropología brasileña hace décadas que sólo obtuvieron reconocimiento cuando fueron citados (o, a veces, apropiados) por autores de los ‘centros’ o del ‘norte’. Entretanto, muchas cosas cambiaron en esas relaciones, Brasil tuvo una política de tratamiento y prevención del Sida que lo catapultó hacia adelante de todos los países, y fue reconocido, si no como lugar de producción de modelos científicos de base (que también es), por lo menos como lugar de creación de respuestas simultáneamente creativas, humanas y eficaces en el tratamiento –y por consiguiente en la prevención– del Sida.

El contexto cambió también para Brasil, pues aumentó la inversión en ciencia y la dinámica de crecimiento contribuyó a una fascinación en el exterior respecto de los ‘BRICS’, que durante un pequeño intervalo de tiempo fueron presentados como el futuro del mundo y la resolución de las tensiones norte/sur. Aunque ese escenario haya dado lugar a realidades y futuros menos inspiradores, se abrieron sin embargo algunos canales que facilitaron el tránsito de conocimiento e innovación entre el llamado sur y el llamado norte. Lo que antes circulaba apenas de norte a sur pasó a circular en todas las direcciones. La constatación del nexo epidemiológico entre Zika y microcefalia, que partió de un punto, digamos, menos central en la habitual red de distribución de conocimiento, circuló muy rápidamente y acabó por establecerse e imponer a los demás lugares.

Se puede decir que la visibilidad de la epidemia en Brasil ha estado marcada principalmente por la identificación de los casos de microcefalia en recién nacidos. ¿Cómo interpreta el modo como los organismos internacionales (OMS, OPS) y nacionales (Ministerio de Salud) han interactuado en función de la expansión de la epidemia en Brasil y en los países de la región?

Esas articulaciones han cambiado rápidamente y sería necesario hacer investigación empírica para poder responder con bases sólidas la pregunta. Siendo optimista, creo que los organismos internacionales encararon de modo crecientemente complejo la articulación entre las políticas que quieren implementar y las configuraciones locales, haciendo mea culpa de un tiempo en que las medidas sanitarias eran impuestas de arriba-abajo y apoyadas en el brazo armado de los estados o potencias coloniales. Pronto se percibió que sin cooperación de la población las políticas sanitarias no eran muy eficaces –pese a que algunos continúan ignorándolo y promueven modelos de intervención autoritarios o alienantes. Hoy es obvio que se tienen que ir más lejos, ponderar con mayor rigor lo que ocurre localmente. Para eso la etnografía es un excelente instrumento, aunque de ejecución lenta. En ocasiones existe la tendencia por parte de organismos internacionales de tomar por realidad algunas descripciones rápidas de la sociedad local con base en indagaciones apresuradas e investigaciones de alcance superficial. Contra eso debemos promover estudios más sólidos y exigir que consideren los programas de intervención. Creo que eso está ocurriendo sólo parcialmente en el caso del Zika.

Pero como anoté, las cosas están cambiando y sólo hasta dentro de algún tiempo podremos tener un análisis consistente. Ahora estamos en plena crisis y supongo que existen investigadores acompañando más de cerca lo que pasa en el terreno. Mi contacto con la actual epidemia del Zika es indirecto y mediado, estoy acompañando a distancia. He visto el sufrimiento generado por este flagelo, las interrogantes y perplejidades que generó, los debates y controversias, la estabilización temporal de consensos, la difusión de resultados, la discusión pública sobre el agente etiológico, las medidas de prevención, el ajuste de leyes (por ejemplo, la interrupción del embarazo), etc. Pero aún no he tenido contacto directo con quien está viviendo la inmediatez de la epidemia, como lo tuve en el caso del Sida hace más de dos décadas.

A partir del proceso de construcción de la respuesta al Sida y su costo para los grupos específicamente afectados (como los homosexuales), ¿cómo percibe la movilización de recursos en investigación básica y aplicada orientados al desarrollo de una vacuna?

Tal como señalé hace poco, aprendemos con la epidemia del Sida que no basta pensar en estrategias simples, programas verticales, remedios específicos, vacunas, etc., pese a su prioridad e importancia. Incluso con mucha investigación, estas soluciones se demoran en llegar y sólo parcialmente se aplican. Mientras no llegan, es preciso crear otros modos de manejar la epidemia –tanto en el plano político amplio, como en el plano de aquellos que tienen experiencia directa e inmediata de sufrimiento, de tratamiento, de prevención y de vulnerabilidad así potenciada.

Llama la atención la movilización de organismos internacionales en torno a la epidemia, especialmente debido a su potencial de expansión hacia los Estados Unidos y Europa. La adaptación del mosquito (aedes aegypti) a otras regiones, la movilidad humana y las posibilidades de transmisión sexual constituyen las principales razones para pensar que la epidemia de Zika puede transformarse en una pandemia. ¿Cómo es percibido este escenario hipotético en Europa occidental?

Recuerdo algo que escuché mucho con respecto al Sida sobre poblaciones de múltiples vulnerabilidades: ese es un problema entre muchos otros. Europa no está en uno de sus mejores momentos históricos y los problemas inmediatos de seguridad, desintegración, crisis financiera, etc., tal vez desvían la atención de los problemas de salud pública que se dirigen más claramente hacia las autoridades sanitarias. En otras palabras, ese escenario de pandemia llegó a considerarse, tal como en el caso de la malaria o el dengue, pero los medios están en este momento más dirigidos a otras cuestiones.

¿Cuál es su lectura de la relación actual entre ciencia y medios, ante la explosión de informaciones divulgadas y la paradójica multiplicidad de preguntas aún no contestadas sobre el virus y sus formas de control? ¿Cuáles son los efectos de esa intensa producción de noticias de divulgación científica y de la evocación de la metáfora bélica en las representaciones sobre la enfermedad y su impacto en las poblaciones?

Afortunadamente no estamos limitados a los medios controlados por entidades privadas, que, como sabemos, manipulan de modo cada vez más camuflado los contenidos. En la actualidad tenemos medios alternativos de información a través de las redes sociales. No significa eso que dichas redes sean un ejemplo de rigor –vehiculan asimismo toda suerte de desinformación, pero su contestación está más al alcance de todos. Creo que la rapidez con que algunos resultados pueden ser divulgados es importante y nos ayuda a tener mejores y más rápidas respuestas –cada uno de nosotros y de los órganos de salud pública. Sería bueno que los responsables por las decisiones políticas tuviesen más atención y respeto frente a los resultados de investigaciones que nos van indicando el estado de la cuestión. Desafortunadamente muchas decisiones dependen de elecciones políticas, religiosas, etc., que no siempre están del lado de la salud, el bienestar y la ciudadanía.

La confirmación de los casos sospechosos de microcefalia y otras malformaciones congénitas en fetos y recién nacidos de mujeres infectadas durante el embarazo han levantado múltiples cuestiones en el plano de la garantía de los derechos sexuales y reproductivos (por ejemplo, el acceso a métodos anticonceptivos seguros y adecuados, a un prenatal de calidad, legalización del aborto). A pesar de la recomendación de la OMS acerca de la extensión de los permisos legales a la interrupción voluntaria del embarazo en los países afectados, el posicionamiento del Ministerio de Salud de Brasil a ese respecto no ha sido consistente. Entretanto, observamos que organizaciones feministas vienen poniendo en la pauta el sufrimiento y los desafíos de las mujeres durante la gestación (especialmente en presencia de la infección) y después del parto (cuando los hijos presentan señales compatibles con el síndrome congénito provocado por el Zika). Esto, recordando la recomendación de limitar la circulación de las personas por los países atacados por la epidemia, sumado al regreso de la indicación de uso del preservativo especialmente entre mujeres embarazadas junto a sus compañeros –ciertamente en un sentido muy distinto al inicial, si pensamos que otrora representó una de las respuestas de la comunidad gay frente al Sida. ¿Cómo evalúa este escenario de apertura del debate en torno a la despenalización del aborto en Brasil y en los demás países de las Américas, teniendo en cuenta el papel del activismo en la estructuración de respuestas adecuadas y respetuosas de los derechos de las mujeres?

No basta tener buenos vehículos de divulgación del conocimiento, tenemos que ir más lejos en el manejo de las implicaciones de ese conocimiento, por ejemplo, en las decisiones legislativas. La despenalización del aborto es un tema político, los debates son ideológicos, nadie puede esperar que se obtenga consenso al respecto, pero podemos seguir caminos parecidos con los de algunos países que incluso con reservas ideológicas y religiosas sobre la interrupción del embarazo atendieron al interés mayor de la salud. Para mi es obvio que una infección que causa tanto sufrimiento y ocurre durante el embarazo debe por lo menos abrir una pauta de discusión sobre la interrupción del mismo. Los debates son complejos, pude presenciar algunas discusiones que involucraban dos líneas diferentes de políticas feministas, con críticas a posiciones que podían pasar por eugenistas. Creo que todo debe ser debatido y la salud es prioritaria. Hasta el Papa reconoce eso. No falta vigor activista en América Latina para diseñar pautas y prioridades en el tema.

¿Considera que el tono alarmista de los medios de comunicación refuerza la hipótesis de que vivimos en un mundo de auge de la ‘sociedad de riesgo’, que enfatiza las probabilidades de acontecimientos y cómo manejarlos?

Como afirmé anteriormente, pese a que no dependemos sólo de los medios tradicionales, estos tienen un gran poder de crear hechos, realidades que se imaginan, medios definidos por ellos, comportamientos que son función de todo eso. Ocurre también que junto con el Zika estamos viviendo un período de muchas amenazas; no sé si estamos en el auge de esa percepción de riesgo o si aún haya más por llegar.

Finalmente, ¿cuál sería la contribución de las ciencias sociales a la comprensión de este fenómeno epidémico, teniendo en cuenta el punto de vista de las personas directamente afectadas (mujeres embarazadas y adultos que desarrollaron el síndrome de Guillain-Barré) y sus relaciones con los demás actores anteriormente señalados (gobierno, ciencia, medios de comunicación, agencias internacionales, activista)?

Las ciencias sociales tienen un papel fundamental aquí también. La etnografía –fundamentada y lenta, que recoge la perspectiva de quien está viviendo la experiencia directamente– es un modo insubstituible de conocimiento. Hay un lado instrumental en eso, de los primeros tiempos de la antropología médica al servicio de la salud pública, que es el de ayudar a conocer y así vencer los obstáculos y limitaciones a la implementación de programas de salud. Pero hay mucho más que eso, que se ha desarrollado en décadas de trabajo analítico crítico: la meta de una perspectiva multifacética, que finalmente se impone también como apoyo a la intervención –menos como solución rápida y limitada, pero sobre todo como conocimiento de fondo que permita evitar errores en la intervención y garantizar los derechos de los involucrados.

Publicada em: 28/07/2016

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