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Desde su creación hace 10 años el CLAM ha impulsado la producción de conocimiento sobre sexualidad con perspectiva de derechos humanos, contribuyendo a la elaboración de agendas de investigación sobre el tema en América Latina. A lo largo de esos años una serie de ejercicios en colaboración con investigadores, activistas e instituciones locales de varios países han permitido establecer diagnósticos en temas como las regulaciones sociales y jurídicas de la sexualidad y modos contemporáneos de producción de desigualdad que tienen al género y a la sexualidad como marcadores. El panorama de la propia producción científica en este –ahora vasto– campo en países cuyo campo intelectual ha sido pionero en esta área ha sido también objeto de balance.

Era imprescindible que dos de esas investigaciones de alcance regional fueran realizadas en México. Se trata de la “encuesta de la marcha del orgullo”, que bajo el título de Política, Derechos, Violencia y Homosexualidad indaga sobre formas y contextos de discriminación y victimización, sociabilidad y participación política entre personas LGBT; y del Estado del Arte de la Investigación sobre Sexualidad y Derechos Sexuales: revisión crítica, que presenta un balance del conocimiento acumulado sobre la sexualidad en las Ciencias Sociales y Humanas. La primera tuvo lugar gracias a una colaboración con el Centro de Investigaciones Políticas y Sociales de la UNAM, cuyos estudiantes conformaron mayoritariamente el equipo de entrevistadores, y la organización Civil Letra S, coeditora también de los dos libros ahora lanzados.

Desarrolladas con anterioridad en Brasil, Argentina, Chile, Colombia y Perú, estas indagaciones tuvieron lugar en México a partir de 2008. Sus resultados, que acaban de ser publicados en versión impresa de distribución gratuita en México, fueron presentados el pasado 25 de junio, en el auditorio Digna Ochoa de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal. Ambos volúmenes están ahora disponibles para acceso online a través del CLAM y de Letra S.

En el evento de lanzamiento, Horacio Sívori, coordinador regional del CLAM, destacó la importancia de las publicaciones en el contexto de una producción vigorosa sobre sexualidad en América Latina, aunque escasamente discutida fuera de los ámbitos restrictos de las ciencias humanas y el activismo. Un objetivo de estos informes es estimular no sólo una mayor producción original, sino también más diálogos. “Estos estudios sirven para crear redes de investigaciones y movilizar a un mayor número de investigadores, activistas, gestores de políticas y gente comprometida con la temática y la lucha contra la discriminación, la igualdad de género y la justicia”, comentó Sívori. Al respecto, Alejandro Brito Lemus, director de Letra S, señaló que la publicación de ambos textos tiene como finalidad propiciar un debate sobre la diversidad sexual y el campo de investigaciones sobre sexualidad en México.

Sobre Política, derechos, violencia y sexualidad. Encuesta de la Marcha del Orgullo y la Diversidad Sexual de la Ciudad de México - 2008, Napoleón Glockner, docente del Centro de Estudios en Ciencias de la Comunicación de la UNAM e integrante del equipo investigador, destacó algunos resultados que revelan aspectos importantes de la comunidad LGBT, como la poca afiliación a partidos políticos (53,7% de las personas encuestadas declaró no simpatizar con ninguno), “lo cual indica cierto descontento”.

La encuesta, realizada entre asistentes a la Marcha, evidenció altos indicadores de violencia por orientación sexual e identidad de género: 7 de cada 10 encuestados reportaron haber sido víctimas de algún acto de agresión o discriminación. En este sentido, Luis Ignacio Lozano, de la organización Género y Desarrollo, se refirió a la necesidad de desarrollar trabajos de este tipo en el país, pues al no existir en México investigaciones similares, resulta difícil abordar temas como la homofobia y comprender los impactos de los cambios generacionales y sociales en las comunidades LGBTTTI. A manera de ejemplo, Lozano indicó transformaciones en la delimitación de categorías como ‘lesbiana’, ‘gay’, ‘bisexual’, travesti’ ‘transexual’, ‘transgénero’, ‘intersexual’, debido a que en la actualidad muchos jóvenes exploran su sexualidad sin que las prácticas conlleven necesariamente la construcción o adscripción a determinadas identidades.

Sobre La formación de un campo de estudios. Estado del arte sobre sexualidad en México, 1996-2008, Rodrigo Parrini, investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco y coautor del texto con Antonio Hernández, destacó como uno de los principales resultados del trabajo continuo sobre el tema la consolidación de “una academia con investigaciones cuantitativas, cualitativas y sistemáticas”. Señaló además que este volumen permite comprender transformaciones observadas en trabajos académicos posteriores a 2008, pese a que estos no integraron el corpus de textos analizados en el libro, los cuales abordan temas de mayor complejidad y que constituyen una segunda etapa en la construcción de conocimientos sobre sexualidad en el país.

Sin embargo, advirtió que en México, pese a los avances en la materia, la normatividad religiosa aún ejerce gran influencia y dificulta la aceptación pública de nuevas identidades y formas de vivir la sexualidad. En este sentido señaló la importancia de ampliar las investigaciones sobre sexualidad de modo que brinden herramientas para transformar esta situación.

Por su parte, Ana Amuchástegui, profesora e investigadora de la UAM, afirmó que un balance crítico de los estudios sobre sexualidad en México como el presentado pone de relieve la perspectiva histórica de aquello que con frecuencia es naturalizado. Sobre los resultados de este trabajo, entre los que sobresale el auge de estudios enfocados en la mujer y la salud sexual y reproductiva, la docente comentó la importancia de abordar otros aspectos en el estudio de la sexualidad relacionados con la vejez, la infancia y la sexualidad en ámbitos urbanos, así como la necesidad de mirar otros sujetos, como las mujeres lesbianas.

Discriminación y violencia en cifras

La Encuesta realizada en la Marcha del Orgullo y la Diversidad Sexual de la Ciudad de México reveló que 73,6% de las personas LGBT entrevistadas ha sido discriminada en al menos una ocasión y 76,2% ha sido objeto de agresiones alguna vez en su vida por causa de su orientación sexual o identidad de género. Entre las formas más recurrentes de agresión, 62,5% corresponden a burlas, 49,2% a insultos y amenazas, 35,2% a acoso sexual, 18,1% a agresiones físicas y 16,9% a chantaje o extorsión. Las formas menos reportadas, aunque estadísticamente significativas, fueron el asalto por parte de una pareja ocasional (9,5%) y la violencia sexual (9,1%).

La mayoría de las y los encuestados (53,3%) reportó haber sido agredida en lugares públicos como plazas, parques y la calle, seguido del lugar de estudio (16,7%), trabajo (11,6%) y hogar (9,9%); siendo los espacios menos frecuentes los establecimientos comerciales (2,7%) y los gubernamentales, como el Ministerio Público (0,8%) y los organismos o dependencias públicas (0,8%).

En casi la mitad de los casos (41,5%), los agresores fueron personas desconocidas por la víctima, mientras que 11,3% identificó a policías, 10,2% a amigos o conocidos, 8,8% a compañeros de escuela, 6,1% a vecinos, 5,9% a compañeros de trabajo, 4,6% a familiares, 3,3% a su pareja y 3,3% a su jefe o jefa.

Pese a los altos niveles de agresión, pocas personas denuncian lo sucedido o acuden a alguna institución en busca de ayuda. Sólo 3,8% de las personas agredidas afirmó haber asistido al Ministerio Público, 1,8% a la delegación de policía, 1% a la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), 0,5% al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), 0,3% a organizaciones de la sociedad civil en defensa de los derechos de personas LGBT y 0,2% a la Comisión de Derechos Humanos del DF (CDHDF). De este modo, 88,4% de las personas guardó silencio al respecto.

En materia de discriminación, el estudio constató que ésta tiene lugar sobre todo en los ámbitos más primarios de socialización, algo señalado en las encuestas realizadas por el CLAM en otras ciudades de la región. Así, 30% de los encuestados reportó haber sido discriminado en un ambiente religioso, 27,5% por vecinos, 25% por su familia, 22,4% en su lugar de estudio y 20,2% por algún amigo. En el ámbito público, la policía (23%) y la policía judicial (19,2%) fueron los agentes más mencionados por las personas encuestadas.

Del total de entrevistados, 10,6% afirmó haber sido víctima de discriminación en el ámbito laboral, ya sea porque fue despedido o porque no fue contratado debido a su orientación sexual o identidad de género. Sin embargo, el estudio aclara que estas cifras deben “tomarse con cautela, toda vez que un buen porcentaje de las personas asistentes son jóvenes de entre 15 y 21 años (27%), cuya experiencia laboral es comparativamente escasa”, por lo que los índices de discriminación laboral podrían ser todavía mayores.

Este porcentaje es similar en el rubro de discriminación en servicios de salud o por parte de profesionales de este ámbito, en el que las personas trans registran los niveles más altos (26,8%), ubicándose muy por encima del promedio registrado. Esta diferencia, explican los autores, puede deberse a la mayor visibilidad de las personas trans, así como a que lesbianas, gays y bisexuales tienden a ocultar su orientación sexual en este contexto con el fin de protegerse contra los malos tratos, por lo que sería errado concluir que existe una mayor tolerancia respecto a estas tres categorías de identidad.

El estudio también reveló relativamente poco conocimiento de instituciones y organizaciones civiles de defensa de los derechos de las personas LGBT: 66,6% de los entrevistados manifestó no conocer ninguna. Un 10,3% mencionó la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), 5,2% a la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), 2,6% al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), 2,1% la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia y 1,9% al Centro Nacional para el Control y Prevención del VIH/sida. Las principales organizaciones civiles mencionadas fueron el Comité Orgullo México (2,2%), Letra S (2,1%) y Ave de México (1,7%).

Respecto a la participación política, el estudio destaca que cerca de la mitad de las y los encuestados (44,9%) indicó no pertenecer a ningún movimiento social y más de la mitad (53,7%) aseguró no identificarse con ningún partido político. También señala que, si bien 65% ha participado más de una vez en la Marcha, 73% desconoce quién la organiza. Empero, aclaran los autores, estas cifras no son señal de despolitización o desmovilización, ya que pueden evidenciar otras formas de participación que “trascienden la identificación de determinados actores públicos en particular, como el estilo híbrido de estas marchas, donde el festejo constituye una manifestación ciudadana en sí, no equiparable a –y relativamente independiente de– otras formas de representación política”.

Lo anterior se evidencia en los motivos que llevaron a las y los participantes a asistir a la Marcha de la Diversidad Sexual: 57,5% lo hizo por razones políticas (para tener más derechos y lograr mayor visibilidad), mientras que 40% acudió por curiosidad, para conocer chic@s o por diversión. En este sentido, la mayoría considera este escenario como un espacio de manifestación y participación ciudadana.

La encuesta fue aplicada el 28 de junio de 2008 durante la 30ª Marcha del Orgullo LGBTTTI de la Ciudad de México, donde fueron entrevistadas 1.020 personas y se obtuvieron 957 cuestionarios válidos. Cabe señalar que la mayoría de las personas movilizadas (63,8%) son menores de 30 años, lo que evidencia una tendencia similar a las de otras ciudades de América Latina en donde se ha llevado a cabo este estudio y que registran un público mayoritariamente juvenil. Del total de personas entrevistadas, 66,7% fueron registradas como varones al nacer y 36,2% se auto identifican como hombres gay. Al igual que en otras ciudades de la región, la participación de las personas heterosexuales fue significativa: 14%.

La sexualidad como campo de estudio

Con la finalidad de abrir nuevos caminos en la investigación socio antropológica de la sexualidad en México y conocer los pendientes en la materia, Rodrigo Parrini, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana y Antonio Hernández, candidato a doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional Autónoma de México, realizaron una revisión de la producción académica en la materia entre los años de 1996 y 2008, cuyo resultado es La formación de un campo de estudio. Estado del arte sobre sexualidad en México. 1996-2008.

Este balance bibliográfico impulsado por el CLAM en varias ciudades de la región pretende ser una herramienta para investigadores, activistas y gestores públicos, que permita acompañar el pulso de este campo en expansión y establecer puntos de partida para intervenciones y nuevas investigaciones.

El proyecto se fundamentó, explican los autores, en artículos y libros académicos de antropología, psicología social, sociología, demografía y salud pública, que versan sobre sexualidad, sin tomar en cuenta tesis, tesinas e informes de investigación por su difícil acceso.

A partir del análisis de este corpus, Parrini y Hernández señalan que las primeras investigaciones de este corte en el país fueron estudios etnográficos y análisis de tipo cualitativo, llevados a cabo principalmente en comunidades rurales. Los estudios pioneros solían excluir las grandes urbes como locus de investigación, aunque sin dejar de lado el análisis de fenómenos transnacionales debido a los altos índices de migración entre México y Estados Unidos.

De acuerdo con los autores, el interés de los académicos mexicanos por el tema de la sexualidad se consolidó en la década de 1990 tras la celebración de la Conferencia Internacional sobre la Población y el Desarrollo en 1994 y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer en 1995, lo cual se ve reflejado en las temáticas abordadas durante esos años: salud sexual, salud reproductiva y género. Aunado a este interés, se observó en varios artículos académicos un incremento en los estudios de corte jurídico y de disputas políticas que repercuten en el ejercicio de la sexualidad.

Parrini y Hernández establecieron un paralelo entre la emergencia de los estudios académicos sobre sexualidad y los debates políticos suscitados en la primera década del siglo XXI en México. Al respecto observan una convergencia entre el proceso de politización de la sexualidad (apreciable en la conformación de movimientos y organizaciones sociales, así como en la formulación de leyes y políticas públicas sobre el tema) y la consolidación de la institucionalización académica, que concentró el grueso de su producción en tesis doctorales.

Uno de los impactos de la consolidación de este campo de estudio destacados por los autores fue su contribución al análisis del vínculo entre sexualidad e instituciones como la Iglesia católica, la familia y el Estado, de gran importancia en el orden social mexicano, así como a la desnaturalización de la sexualidad, que ha pasado a ser entendida como el resultado de una regulación permanente de dispositivos legales, morales y sociales.

En cuatro apartados que versan sobre sexualidad femenina, relaciones entre masculinidad y sexualidad, expresiones no heteronormativas de la sexualidad y el proceso de medicalización de la sexualidad, los autores clasifican y analizan la producción académica sobre el tema más destacada de México, aunque plantean la necesidad de reelaborar nuevas categorías y conceptos que permitan abordar el tema en su complejidad y considerando la constante transformación de la sexualidad misma.

Colaboró con esta nota Leonardo Bastida.

Haga clic aquí para descargar Política, derechos, violencia y sexualidad. Encuesta de la Marcha del Orgullo y la Diversidad Sexual de la Ciudad de México – 2008

Haga clic aquí para descargar La formación de un campo de estudio. Estado del arte sobre sexualidad en México. 1996-2008

Publicada em: 07/11/2012



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