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Placeres disidentes

Fue presentado en el 30 de septiembre en la sede de CLACSO – Buenos Aires, el libro Prazeres Dissidentes (CLAM/Editora Garamond), organizado por María Elvira Díaz-Benítez y Carlos Fígari, aborda temáticas como pornografía, escatología, barebacking, travestilidades, pedofilia, tradicionalmente interpretadas como perversiones. A continuación, lea la reseña de Adriana Piscitelli.

Placeres Disidentes

Por Adriana Piscitelli *

La compilación Prazeres dissidentes, resultado de recientes estudios realizados por jóvenes investigadores latinoamericanos, es la expresión de la efervescencia de la producción sobre el tema en la región. Combinando creatividad y reflexión crítica, los artículos consideran recortes poco estudiados o contemplados a partir de nuevos abordajes.

En el año 2003, el Centro Latinoamericano de Sexualidad y Derechos Humanos (CLAM/IMS/UERJ) y el núcleo PAGU (Unicamp) organizaron el Seminario “Sexualidades y Saberes, Convenciones y Fronteras”. En ese encuentro se tejieron reflexiones sobre la situación del campo de estudios y fueron esbozadas ideas para superar ciertos impases en la producción sobre el tema. Entre los puntos resaltados uno de los principales fue el referido a las contribuciones del arsenal teórico de Foucault, al igual que problemas relativos a aspectos teóricos y efectos políticos surgidos en la utilización de ese referencial planteados por autoras y autores feministas vinculadas/os al movimiento homosexual. Un segundo punto fue la relevancia concedida a la separación analítica entre género y sexualidad, considerada útil para mapear la “estratificación sexual” presente en las sociedades modernas, que establece límites entre prácticas sexuales “buenas” y “malas’, interiorizando individuos y grupos vinculados a estas últimas. Sin embargo percibimos que algunas líneas de los estudios queer ignoraban el género, en tanto que abordajes sobre heterosexualidades consideraba la articulación entre género y sexualidad desde una perspectiva en la cual el género aparecía frecuentemente aprisionado en una distinción binaria. La sexualidad tendía a aparecer atravesada por una frontera clara entre hombres y mujeres, estableciéndose así una continuidad entre “sexo” y género.

Finalmente, un tercer punto fue la relevancia de las negociaciones al respecto de la normalización de prácticas sexuales objeto de intenso rechazo en el pasado, como el adulterio, la masturbación, la pornografía, la prostitución, la sodomía y el homoerotismo. Asimismo, tales negociaciones se articulaban simultáneamente a la “penalización” de otras prácticas que, si bien envolvían cuestiones relativas al derecho de la libre expresión de la sexualidad, provocan intensas reacciones.

Los textos reunidos en el libro Prazeres Dissidentes contribuyen en la reflexión sobre cómo estos asuntos fueron elaborados durante los años transcurridos desde la realización de aquel seminario hasta nuestros días. Los autores que consideramos clásicos en el tratamiento del erotismo y la sexualidad –Georges Bataille y Michel Foucault– continúan siendo revisitados. Judith Butler se une a ellos, una de las principales y más influyentes epistemólogas de los estudios sobre género y sexualidad. A su vez, los argumentos de estos autores son confrontados a partir de lecturas nuevas y críticas. Este abordaje está presente en el artículo inaugural de la compilación, “Butler, la abyección y su agotamiento”, en el cual Vitor Grunvald discute las formulaciones de esta autora a la luz de teorías feministas, filosóficas y antropológicas.

Considerando ese conjunto de lecturas, los textos de este libro apuntan a una diversidad instigante en términos de convenciones del erotismo. En el artículo de María Elvira Díaz-Benítez, una de las organizadoras de la compilación, cuyo título en portugués es “Retratos de uma orgia: a efervescência do sexo no pornô”, conocidas nociones sobre transgresión vinculadas al género y la raza aparecen accionadas en el marco de la industria del sexo, en la utilización de parejas inter-raciales integrados por mujeres rubias y hombres negros, en la pornografía “hétero” brasileña. Fuera de ese ámbito, el valor concedido a la diferencia racial en las convenciones del erotismo está presente en el análisis realizado por Isadora França, en su artículo “Na ponta do pé: quando o black, o samba e o GLS se cruzam em São Paulo”, sobre algunos espacios frecuentados por hombres que se relacionan con otros hombres.

Varios capítulos muestran con nitidez que comprender los significados asumidos contextualmente por el género requiere pensar esa diferenciación, no independientemente, sino en relación con la sexualidad. Esto se hace evidente cuando las performances de género son consideradas como expresión de la conducta sexual, como en el (aparentemente) desconcertante episodio en que una travesti, a la que le gusta tener sexo con hombres, se piensa a si misma como heterosexual, narrado por Leandro de Oliveira en su artículo “Diversidade sexual e trocas no mercado erótico: gênero, interação e subjetividade em uma boate na periferia do Rio de Janeiro”. La relación entre sexualidad y género aparece con particular fuerza cuando el género constituye el lugar a partir del cual otras diferenciaciones se inscriben en los discursos sobre sexualidad. Al respecto, vale como ejemplo el artículo de Regina Facchini “Entrecruzando diferenças: mulheres e (homo)sexualidades na cidade de São Paulo” sobre las gradaciones entre términos como “perua” y “sapatão”, usados por mujeres que aman mujeres y que remiten a relaciones de poder permeadas por diferenciaciones de clase, color/raza y generación.

El género adquiere esa centralidad en la producción de convenciones eróticas y, en esos escenarios, esa distinción también es crucial para jerarquizar, incluso excluir, categorías de personas. La valorización de la hipermasculinidad en espacios frecuentados por hombres que se relacionan con hombres –mostrada en el artículo “Silêncio, suor e sexo: subjetividades e diferenças em clubes para homens” de Camilo Albuquerque de Braz– asociada al desprecio hacia los gays afeminados, “bichas, miguxos” –problematizado en el artículo de Carolina Parreiras, “Fora do armário... dentro da tela: notas sobre avatares, (homo)sexualidades e erotismo a partir de uma comunidade virtual”.

La valorización del grado de feminidad que dota a un/a crossdresser de “pasabilidad", es decir que pueda “pasar por mujer” –aspecto explorado por Anna Paula Vencato en su artículo “Negociando desejos e fantasias: corpo, gênero, sexualidade, subjetividade em homens que praticam crossdressing” – y el rechazo a las “masculinizadas” en círculos de mujeres que se relacionan con mujeres –trabajado por Regina Facchini en el artículo antes mencionado- parecen remitir, en un lenguaje de género, a una continua recreación de la inferioridad y el prejuicio en el campo de la sexualidad. Como si la ruptura con las convenciones culturalmente diseminadas de aceptabilidad y “normalidad” fuera parte de un proceso indisociable de la producción de categorías modelares y de nuevas normatizaciones.

En el artículo “Políticas e prazeres dos fluidos masculinos: barebacking, esportes de risco e terrorismo biológico” de Esteban García, el lenguaje de la salud y de la vida, de la enfermedad y de la prevención es utilizado para delinear contornos que separan los barebackers de los practicantes del homoerotismo “seguro”. Bruno Zilli, a su vez, muestra en su artículo “BDSM de la A a la Z: la despatologización a través del consentimiento en los ‘manuales’ de Internet”, el modo en que los practicantes de BDSM tratan de afirmarse como “sanos”, utilizando la noción de consentimiento que también les sirve para distanciarse de otros adherentes a esas prácticas y de otras categorías de personas estigmatizadas como son los pedófilos. A su vez, estos últimos, evocando argumentos que los grupos de interés de los pedófilos desarrollaron en base a investigaciones académicas, trazan fronteras entre los “boy-lovers correctos”, que aman a niños, se excitan con ellos pero controlan sus deseos, y los “verdaderos pedófilos” que violentan a los niños y tienen relaciones sexuales con ellas, como explica Allesandro de Oliveira en su texto “De pedófilo à boylover: ilusao ou uma nova categoria sexual que se anuncia?”

También están presentes en esta compilación aquellos cuyas prácticas están sujetas a un grado de coerción tal que tiene como efecto la ausencia de condiciones de aparición y visibilidad, impidiendo cualquier posibilidad de formulación de una identidad “positiva”. Este es el caso de los sujetos envueltos en el incesto consentido, asunto discutido por Carlos Fígaro en su artículo “No ventre do pai. Desejos e práticas de incesto consentido”.

En el marco de ese desplazamiento continuo de los límites, la industria del sexo ocupa un lugar singular. El conjunto de capítulos que tratan sobre esa industria muestra las convenciones eróticas accionadas para atraer consumidores y los aspectos que movilizan estos últimos. La atracción aparece vinculada a prácticas que objetivan cuerpos masculinos para el “consumo” femenino, erotizando el desplazamiento de posiciones de género -como sucede en el “clube de mujeres” mostrado en el artículo de Marion Arent, “Performances de gênero em um ‘clube de mulheres’”. La atracción erótica también aparece vinculada a prácticas sexuales “extremas”, ya sea por su carácter grupal, encuentros orgiásticos (como en el citado artículo de María Elvira Díaz-Benítez) o por envolver contactos sexuales vistos como particularmente sucios y/o humillantes –según discute Jorge Leite Jr, en su trabajo “A pornografia ‘bizarra’ em três variações: a escatologia, o sexo com cigarros e o abuso facial”. También puede tratarse del consumo de sexo comercial con personas que, como las travestis, corporifican el entramado de códigos de género y sexualidad –tal y como ilustra el artículo de Larissa Pelúcio, “Gozos ilegítimos: tesão, erotismo e culpa na relação sexual entre clientes e travestis que se prostituem”.

Los textos destinados a la prostitución heterosexual en la cual los consumidores son hombres, apuntan a otro tipo de transgresiones que es sugerente. En este caso, los “clientes” aparecen, en su mayoría, como consumidores de prácticas sexuales “banales”. La eventual “fantasía” que los conduce al consumo del sexo comercial está lejos de materializarse en la forma de prácticas sexuales “extremas”, aunque ellas también exista, según Elisiane Passini, autora de “Sexo com prostitutas: uma discussão sobre modelos de masculinos” y Sandra Nascimento Sousa, en su artículo “Desejos proibidos. Práticas da prostituição feminina”.

Este libro presenta una necesaria reflexión -abierta por Andrea Lacombe en su artículo “Tu é ruim de transa: ou como etnografar contextos de sedução lésbica em duas boates GLBT do subúrbio do Rio de Janeiro”– sobre el significado de estar en el campo para quien realizar etnografías en espacios de encuentros eróticos, en una línea de discusión aún poco trabajada en Brasil. Pensar sobre la relación entre la corporalidad de los antropólogos y la de los/as demás sujetos/as de investigación en espacios en los que cuerpo y erotismo adquieren centralidad y en las negociaciones necesarias realizadas por el/la investigar/a, abre caminos promisorios para nuevas discusiones sobre la ética en la realización de etnografías sobre sexualidad.

Para concluir, una última observación. Además de dialogar con la bibliografía “clásica”, particularmente sobre sexualidad y erotismo, en los capítulos que componen este volumen se establece una interlocución con la producción internacional que tiende a ser vinculada con los queer studies y con los trabajos brasileños sobre sexualidad. Entre ellos, se destacan autores como Peter Fry (1982) y Néstor Perlongher (1987) que, estudiando “homosexualidades”, se tornaron referencias “clásicas” en este campo de estudios. En 1992, cuando este último autor murió, acompañado tan sólo por un puñado de amigos y colegas, su etnografía sobre prostitutos en el centro de São Paulo era una referencia para las (pocas) personas que estudiaban “homosexualidades” o prostitución. Hoy, esta obra de gran valor es ampliamente reconocida en el campo de la sexualidad en sentido amplio y no sólo en Brasil.

A esos trabajos se suman los de otros autores más recientes, como Luiz Fernando Dias Duarte (2004), Maria Filomena Gregori (2003), Maria Luiza Heilborn (2004), Sérgio Carrara y Júlio Simões (2007), Richard Milskoci y Simões (2007) y muchos otros, citados en análisis centrados en recortes específicos. La recurrencia en el uso de estos autores apunta nítidamente para la consolidación del campo. Sin embargo, en este espacio efervescente de diálogo, la interlocución con referenciales teóricos feministas todavía es restricta. Al mismo tiempo, la atención concedida a recortes “heterosexuales” (fuera del ámbito de la industria del sexo) es comparativamente menor. Esta observación es apenas una invitación para nuevas reflexiones, especulando sobre el avance en la producción de conocimiento que puede resultar del confrontación con esas líneas teóricas y con recortes empíricos poco contemplados en este campo cuyo crecimiento queda demostrado, de manera brillante, por los capítulos de este libro.

* Investigadora del Núcleo de Estudio de Género –PAGU y profesora del Departamento de Antropología Social y del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp).

Publicada em: 22/09/2009



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