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Demografia do outro

Gabriel Gallego Montes es investigador de la Universidad de Caldas, Colombia, doctorado por el Colegio de México (Colmex) con una investigación sobre trayectorias erótico-afectivas de hombres que tienen sexo con otros hombres. Para su investigación entrevistó 250 varones de entre 16 y 56 años de edad, todos habitantes de la Ciudad de México. A partir del relato de 633 “historias de amor” Gallego reconstruyó sus biografías sexuales e identificó tres momentos de la historia reciente de México marcados por el VIH/sida: antes de la llegada de la epidemia, entre 1970 y 1984; luego el crecimiento exponencial de su incidencia, entre 1985 y 1995, y finalmente la “estabilización” de la misma, entre 1996 y 2005.

En su trabajo, Gallego cuestiona “qué significa una demografía de lo otro”, según él, algo sobre lo que esta ciencia social no ha parado para refexionar. Como heredera del proyecto moderno, la demografía, al igual que la historia, la geografía, la sociología clásica y otras ciencias sociales, imaginó un sujeto 'normal' blanco, heterosexual y de clase media. El 'otro', señala el investigador, fue objeto de estudio de la antropología.

Desde la década de 1990, con el apogeo de los estudios gay/lésbicos en universidades y centros de investigación de Estados Unidos, se han realizado censos y encuestas para abordar dimensiones demográficas de la población no heterosexual, como su comportamiento, situación laboral y movilidad ocupacional. Estas investigaciones han tenido amplia difusión y sus resultados han sido publicados en varias revistas norteamericanas. En América Latina, sin embargo, los estudios demográficos no se han aproximado a las poblaciones no heterosexuales. La tesis doctoral de Gallego, reconocida con el premio Gustavo Cabrera en el año 2008, puede ser considerada una de las primeras investigaciones de este tipo en la región.

Demografía de lo otro. Biografías sexuales y trayectorias de emparejamiento entre varones en la Ciudad de México fue editado por el Colegio de México en 2010, en medio del debate sobre los cambios legislativos en materia de igualdad de derechos para las parejas del mismo sexo. El 21 de diciembre de 2009, el Distrito Federal se convirtió en el primer territorio de América Latina en aprobar el matrimonio sin discriminación. En agosto pasado, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ratificó la constitucionalidad de la legislación local y su reconocimiento en los demás estados de la federación, 31 en total. Parejas del mismo sexo pueden casarse en la Ciudad de México y hacer valer sus derechos en todo el país.

Con su enfoque biográfico, la investigación de Gallego abarcó 35 años de historia de la ciudad de México. El autor explica que durante ese periodo el VIH irrumpió en la cotidianidad sexual como una variable fundamental. Tras su aparición en la escena urbana, la vida sociosexual del México urbano se modificó. El impacto del virus transformó “las prácticas y las representaciones relacionadas con la sexualidad y cambió los modos de interacción sexual a lo largo del tiempo”. Durante el momento de mayor crecimiento de la epidemia, cuando su incidencia aumentaba exponencialmente y se instalaba un “pánico moral” en torno de la misma y del sexo entre hombres, de 1985 a 1995, la mayoría de las relaciones de pareja de los varones homosexuales estudiados se prolongó por más tiempo. Para el investigador, este cambio en la duración de las relaciones de pareja está relacionado con las políticas y campañas educativas que, con el eslogan “¡sólo con tu pareja!”, interpelaban a la gente.

Al llegar al mercado los medicamentos antirretrovirales en 1996, afirma Gallego, tuvo inicio un periodo de estabilización de la epidemia. El VIH/sida se convirtió en una enfermedad crónica pero no mortal. Con ello también disminuyó la exclusividad sexual y “emergió con fuerza” el discurso del “poliamor”. Es así que cerca de 17 por ciento de los hombres entrevistados en la investigación reveló sostener prácticas sexuales con diferentes personas con el pleno consentimiento de su pareja.

Sus resultados muestran que en los últimos años disminuyó la exclusividad sexual y la duración en las relaciones de parejas de varones en la Ciudad de México. ¿Cómo interpretar estos datos sin descalificar a las familias homoparentales, como lo han hecho algunos sectores de opinión?

La distensión sexual también ha sido documentada en ciudades como São Paulo, San Francisco y Sidney. Este cambio afecta a la sociedad contemporánea en su conjunto, en términos de relajamiento de las normas alrededor de la sexualidad. Por ejemplo, hay una distensión con el tema de la virginidad, pues comienza a perder fuerza en las sociedades de América Latina, a pesar de que en México aún existen sectores que hablan sobre este tema enmarcándolo en la tradición y el honor familiar.

La menor duración y la no exclusividad sexual se dan no sólo en parejas gay, sino también en las heterosexuales. En México se habla de la “casa grande y la casa chica” y en Colombia se emplean las expresiones “mozas, esposas y amantes” para hablar sobre esta realidad. Es algo que siempre ha existido, sólo que nos hacemos los tontos. Todavía no existen investigaciones sobre amantes y amantazgo. Prevalecen los silencios cómplices y no se investigan ciertos temas que a la sociedad le parecen moralmente conflictivos. Hay que comenzar a desacralizar la idea de que el matrimonio es el mejor remedio para responder al VIH/sida. Es un discurso eminentemente conservador que se aleja de la realidad. Tan sólo hay que revisar el incremento de la epidemia en mujeres casadas. Hay que dejar de ideologizar esa discusión y reconocer la pluralidad de la vida contemporánea.

Su investigación comprende un periodo anterior a la aprobación de la Ley de Sociedades de Convivencia (2006) y de la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en el DF (2009). ¿Cree que estos dos eventos pueden afectar la exclusividad sexual y la duración de las relaciones homoeróticas? ¿De qué forma?

Yo creo que puede aumentar el número de legalizaciones de parejas del mismo sexo. Bajo el régimen de Sociedades de Convivencia, que duró tres años, se registraron cerca de 700 uniones, y ahora con el matrimonio la cifra está un poquito disparada (cerca de 400 en medio año). Sobre todo en las clases medias hay un boom. El matrimonio tiene una fuerza simbólica que nunca tuvo el régimen de sociedades de convivencia.

En términos de tendencias sexuales, hay más apertura sexual aquí y en el mundo entero, a pesar de lo que digan los grupos conservadores. Hay menor duración de las relaciones de pareja, y con la crisis económica, yo creo que la gente le va a apostar menos a la convivencia en pareja. Pienso que va a predominar el ‘noviazgo que no termina en convivencia’ como forma vinculante erótico-afectiva. Sin embargo, sería preciso investigar al respecto en los próximos dos o tres años.

Por otro lado, también es necesario tener en cuenta que la subcultura gay es parte de una cultura mayor, y todo lo que pasa en la cultura mayor afecta a la subcultura gay; a su vez, la subcultura gay afecta a la cultura en general, a la sociedad en su conjunto.

A principios de septiembre, seis meses después de que entraran en vigor las modificaciones al Código Civil del DF que permiten el matrimonio universal, el Registro Civil capitalino informó que se habían celebrado 398 matrimonios entre personas del mismo sexo, de los cuales 53 por ciento fueron entre hombres y 47 por ciento entre mujeres.

Para Gabriel Gallego, estos datos ratifican la necesidad de que el Consejo Nacional de Población (Conapo) y el Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) comiencen a recoger información sobre las familias homoparentales. El Censo de Población y Vivienda 2010 no registró a las familias encabezadas por uniones del mismo sexo. El investigador afirma que hubiera sido muy fácil incluir en la pregunta relativa al estado civil de las personas una opción adicional: “pareja del mismo sexo, unión igualitaria o el nombre que se le quiera poner”. No basta con hacer visibles a las parejas homosexuales ante la ley; también se requiere incluir esta realidad en las estadísticas oficiales, pues son los datos concretos los que permiten construir políticas públicas que respondan a las necesidades de las poblaciones, concluye Gallego.

Gabriel Gallego Montes desarrolla actualmente una nueva investigación financiada por el Instituto Colombiano para el Desarrollo de la Ciencia y la Tecnología (Colciencias) "Francisco José de Caldas". Su objetivo es realizar 800 biografías en el occidente de ese país, 400 con hombres homosexuales y 400 con lesbianas. El proyecto es toda una novedad, pues en la región hay pocos estudios en la materia sobre mujeres no heterosexuales. Luego planea escribir un libro metodológico sobre la implementación de la técnica de las biografías en el abordaje de la sexualidad, destacando su importancia tanto para la perspectiva cuantitativa como cualitativa.

De acuerdo con este investigador, el enfoque biográfico permite una mirada más longitudinal. “Se pueden hacer biografías de personas con VIH, para comprender los cursos y las trayectorias de la epidemia. Con un enfoque de casos y controles epidemiológicos, tú puedes estudiar la vida de un varón (seropositivo) de la misma generación de alguien que no se infectó de VIH/sida; hacer grupos y comparar cómo se construyeron las trayectorias de esta vida desde la juventud, para comprender los cursos y las trayectorias. Eso en términos de política pública es muy interesante para poder tener mejores mecanismos de educación e intervención”, afirma el Gallego.

El investigador advierte la importancia de trabajar con estas metodologías en América Latina. Sin embargo se pregunta si las personas que conocen estos métodos biográficos están dispuestas a trabajar con población gay o lesbiana.

Publicada em: 06/10/2010

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