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Chile

Católicas decididas

No es un tema sencillo de defender, menos aún para aquellas mujeres que públicamente se reconocen como católicas, y además promueven la despenalización del aborto y bregan por los derechos sexuales y reproductivos.

Es el caso de Frances Kissling, una neoyorquina que nació en una familia católica, estudió en un colegio católico e incluso entró a un convento. En 1982 fundó “Católicas por el Derecho a Decidir” (CDD), una organización que, como su nombre lo indica, reúne a católicas que abordan los temas de sexualidad y reproducción desde una perspectiva ética, de justicia social y derechos humanos. Su objetivo es demostrar que las mujeres aún siendo católicas, pueden tomar la decisión de abortar según dicte su conciencia o capacidad moral y no por ello deben sentirse excluidas de su fe y su iglesia.

Frances dejó la presidencia de CDD en el año 2007, luego de 25 años a su cargo. Tiene 64 años y hoy recorre países dictando talleres de capacitación sobre comunicación acerca del aborto en diversas organizaciones sociales. Llegó a Chile invitada por la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe para participar del proyecto “Formación de Redes Ciudadanas para la Despenalización del Aborto Terapéutico en Chile”, impulsado en cinco regiones del país con apoyo del Fondo para la Acción en Aborto Seguro (Safe Abortion Action Fund) y la Federación Internacional para la Planificación Familiar (International Planned Parenthood Federation - IPPF).

La penalización total del aborto en Chile es reciente. Por más de 50 años, entre 1931 y 1989 regía una normativa que entendía el aborto terapéutico como problema de salud de las mujeres y de responsabilidad médica. Sin embargo, el gobierno de Pinochet la derogó justo antes de dejar el poder. Durante los gobiernos democráticos no se ha podido iniciar un debate sobre los derechos reproductivos, ni mucho menos reponer el acceso legal al aborto terapéutico. La fuerte presión e influencia de la Iglesia Católica y de sectores conservadores obstaculiza la expresión de una ciudadanía que, no obstante, tiene actitudes de cada vez mayor apertura, autonomía individual y conciencia de derechos.

¿Cómo enfrentan las “Católicas por el Derecho a Decidir” la cuestión de los derechos reproductivos y la libertad de conciencia?

Como católicos y católicas, resulta muy natural trabajar sobre los asuntos de la conciencia de los derechos humanos; creo que históricamente ha existido especial énfasis sobre esto en la Iglesia Católica. El problema es que la Iglesia tiene una historia patriarcal, donde no se aplican estos grandes valores de la conciencia y los derechos humanos a las mujeres. Cuando en 1973 el aborto se legalizó en los EE.UU. y los obispos empezaron rápidamente a trabajar para hacerlo ilegal, pensamos que era importante que hubiese una organización progresista y también feminista que pudiese aplicar principios católicos aceptados respecto del asunto de derecho a elegir y de ejercer la propia conciencia.

En el caso de la guerra, por ejemplo, la Iglesia no siempre tuvo una postura pacífica; aprobó muchas guerras y desaprobó otras. Obviamente la gente mataba y moría en la guerra. ¿Cuál era la política de la conciencia de la guerra? Para la Iglesia era la de guerra justa. Puedes perder tu vida o matar a alguien para salvar la propia. Puedes matar a otro en la guerra si es que su territorio o tus valores se ven amenazados. Recordemos lo que sucedió entre Inglaterra y Argentina, donde los obispos británicos y argentinos apoyaban la guerra. Una Iglesia muy anticomunista fue también la que dijo “mejor muertos que rojos”. Entonces la pregunta que uno se hace es ¿cómo es posible que no haya una teoría del aborto justo, donde la mujer pueda practicárselo para poder defender su vida, para proteger su territorio que es su propio cuerpo y su salud?

Estructuras de poder como la del Vaticano y la Iglesia son un poder silencioso. Son las personas las que se movilizan y realizan peticiones. Lo que hacemos a través de este movimiento es dar voz justamente a esas personas que son católicas y necesitan cambios; católicas que están dentro de la Iglesia pero no hablan, pero sin embargo, tienen el derecho a decidir y manifestarse. Ellas son la voz viva de esta estructura jerárquica, no como la Iglesia y el Vaticano, que simplemente son estructuras que ejercen su poder.

¿Cuál es su opinión sobre el estado de situación de los derechos y reproductivos en América Latina?

En términos generales, la situación en lo que respecta a los derechos reproductivos está mejorando. En primer lugar, porque el poder de la Iglesia Católica sobre estos temas se ha reducido en estos países. En la ciudad de México, por ejemplo, el aborto es legal; en Colombia muy recientemente también se legalizó en tres casos, aún cuando los sacerdotes estaban en contra de ello. En Uruguay, entiendo que el Presidente no ha firmado, pero su gobierno y los diputados de ese país están a favor de ello. Por lo tanto, al ver esta reducción del poder institucional de la Iglesia, me parece que ha habido un reconocimiento público del derecho a la conciencia y respeto del Estado de Derecho para las sociedades pluralistas. Esto obviamente es bueno para las mujeres.

En la actualidad los pueblos latinoamericanos están practicando sus derechos reproductivos, están utilizando la anticoncepción, han bajado las tasas de natalidad, por lo tanto ha habido algún tipo de aceptación de estos derechos.

Sin embargo, en Chile recientemente se prohibió la distribución de la píldora del día después en los consultorios públicos del país, lo que revela un gran retroceso en esta materia.

En la mayoría de los países de Latinoamérica esta pastilla es legal y se trata como un anticonceptivo más. La situación de Chile es diferente. Esto revela que la Iglesia tiene más poder aquí que en muchos otros países de Latinoamérica. Es difícil comprender esta resolución, porque la mejor manera de evitar un aborto es a través de la anticoncepción y eso incluye la píldora del día después. Deben saber que en algunos países, incluso dentro de la comunidad católica, esta píldora es aceptada. Además se debe agregar que existe información científica que demuestra que la píldora no es causal de aborto.

La misma Iglesia Católica que se destacó en Chile por su lucha en defensa de los derechos humanos es la que hoy, con una jerarquía más conservadora y altas cuotas de poder, presiona para que estos temas no sean debatidos en el parlamento.

La iglesia tiene la libertad de mantener y generar mayor poder; la obligación del Estado es evitarlo. La presión se debe ejercer sobre los legisladores para que resistan las demandas de la Iglesia. Estoy segura de que la Iglesia no fue la única que trabajó contra la dictadura. Muchos grupos de mujeres sacrificaron lo suyo durante ese período y merecen el mismo respeto.

Lo que tenemos que hacer es construir una sociedad civil fuerte a favor del Estado Laico, cuyos miembros desarrollen acciones de lobby hacia sus legisladores para señalarles que su obligación como representantes es tratar a todas las entidades de la sociedad civil con igualdad.

Sin embargo, pareciera que los parlamentarios a la hora de legislar consultan a la Iglesia Católica y acogen su postura institucional, desoyendo a una ciudadanía que es mayoritariamente progresista en temas como los derechos sexuales y reproductivos.

Creo que simplemente hay miedo. Los políticos en general tienen un doble estándar, hay mucha hipocresía. Además existe una relación férrea en América Latina, un matrimonio entre los gobiernos, las fuerzas armadas y la Iglesia Católica. Allí existen influencias muy grandes de los grupos conservadores. Esta interrelación también pasa por el dinero. Una fuente de recursos importante viene del mundo conservador con mucho poder, que a su vez alimenta las arcas de la Iglesia. Por otro lado, esas fortunas alimentan el poder de los políticos. Es por eso que éstos callan y no se atreven a alzar la voz en el Congreso. Todo este cruzamiento de gobierno, militares, Iglesia, política y dinero hace que la voz ciudadana no salga porque hay miedo, solamente miedo.

Su viaje abarca varios países de Latinoamérica, ¿cuál es el saldo de esta visita a la región?

Cuando una es católica está forzada a mirar el tema del aborto de una manera más profunda y busca argumentos que puedan apelar al resto de la sociedad. Aprendí mucho de la manera en que la Iglesia Católica utiliza las comunicaciones y el tipo de argumentos que ellos construyen para abordar el tema del aborto. Hay un sentimiento general que revela que, si bien es difícil abrir un espacio para hablar sobre la salud reproductiva, la idea es que las personas puedan tener herramientas para apelar y llamar a la conciencia de la gente que esté en desacuerdo con lo establecido en este tema.

Publicada em: 20/08/2008

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