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Chile

Imagen de impacto

Tras el rescate televisado de 33 mineros en octubre pasado, Chile fue el país que más posiciones escaló este año en el ranking del Índice de Marca País (Country Brand Index). Para quienes el futuro de las naciones puede ser medido en términos de imagen de mercado, Chile ocupa un lugar promisor. Su “imagen país” pasó de la posición 59 a la 40, en un universo integrado por 110 países. La medición determina la posición que cada país ocupa como “marca” mundial a partir de percepciones sobre calidad de vida, patrimonio, cultura, turismo y otros aspectos. Cabe preguntarse entonces cuál será el impacto en la imagen internacional de Chile – como marca comercial o, ahora pongámonos serios, como nación – por la última campaña contra la violencia intrafamiliar del SERNAM (Servicio Nacional de la Mujer), que califica de “maricones” a los hombres que agreden a sus compañeras sentimentales.

En las piezas de la campaña publicitaria aparecen tres personajes famosos, entre los que se destaca Jordi Castell –presentador de televisión que hace algunos años hizo pública su homosexualidad–, afirmando "Maricón, es el que maltrata a una mujer. La violencia intrafamiliar es un delito, pero hay una salida. Infórmate, esto debe cambiar".

La campaña generó un agitado debate. A través de declaraciones públicas, editoriales, columnas de opinión y foros virtuales, medios de comunicación y organizaciones defensoras de los derechos sexuales manifestaron su aceptación o rechazo.

Al debate se sumó el caso de Claudio Romero, de 21 años, que el 4 de noviembre cometió parricidio y al ser capturado alegó que lo hizo en defensa de su madre y hermanos menores contra los ataques de su padre. La Corte de Apelaciones de Santiago le concedió arresto domiciliario en la casa de sus abuelos, donde permanecerá detenido durante los 90 días que durará la investigación. Esto debido a que los hechos se registraron en un contexto de violencia intrafamiliar. Desde hacía más de 10 años, el padre de Romero maltrataba a su mujer e hijos, hoy de 21, 11 y 8 años de edad.

Publimetro y el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (Cesop) de la Universidad Central llevaron a cabo un sondeo en la capital del país para evaluar el impacto de la campaña. El estudio reveló que el 58,7% de las personas entrevistadas considera que la expresión “maricón” es un “calificativo justo para quien abusa físicamente de su pareja.

Interpelar a los agresores

Según el SERNAM, las mujeres víctimas de violencia intrafamiliar en promedio tardan 7 años en denunciar a su agresor. El 73% de las mujeres que han muerto por esta causa nunca denunciaron a sus agresores. De acuerdo con las estadísticas del Ministerio del Interior, entre enero y julio de este año se registraron 43.726 denuncias ante Carabineros –policía uniformada chilena– y 12.323 detenciones por violencia intrafamiliar contra mujeres. La Primera Encuesta Nacional de Victimización Intrafamiliar y Delitos Sexuales (2008) reveló que aproximadamente el 36% de las mujeres chilenas que han tenido una relación de convivencia ha sufrido violencia.

De esta situación se deriva la necesidad de implementar campañas permanentes destinadas a visibilizar esta realidad –no sólo cada 25 de noviembre, fecha en la que se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. No obstante, los contenidos y énfasis de estas campañas son materia de preocupación para organizaciones de mujeres y de la diversidad sexual.

Activistas sociales, investigadoras e investigadores de las violencias de género coinciden en que para abordar esta problemática es necesario interpelar a los agresores y responsabilizarlos por su conducta. La ministra del SERNAM, Carolina Schmidt, declaró que la campaña estaba dirigida a los hombres y para ello empleaba un lenguaje “fuerte”, “potente” y “claro“. No obstante, organizaciones de mujeres afirman que el mensaje no debe ser agresivo para ser efectivo.

Carolina Peyrín, directora de la Corporación Domos y experta en violencia de género por más de 20 años, advierte sobre el cuidado que se debe tener con los mensajes posicionados a través de estas campañas. “Que un mensaje que busca generar conciencia sobre una forma de violencia con un impacto tan alto como la que se ejerce contra las mujeres apele a un concepto empleado para agredir a las personas no heterosexuales me parece poco afortunado”, afirmó. Peyrín señaló la importancia de valorar el aporte que la sociedad civil ha hecho en materia de diseño de campañas como Frente a la violencia no seamos cómplices o Detener la violencia está en nuestras manos. Esas campañas han permitido el posicionamiento de este tema entre los hombres sin acudir a insultos o a expresiones de violencia simbólica.

Soledad Larraín, psicóloga, consultora de UNICEF y experta en violencia de género, opina que la campaña del SERNAM “refuerza estereotipos de género, además de ser discriminatoria y homofóbica”. Asimismo, la coordinadora de la Red Chilena contra la Violencia Doméstica y Sexual, Soledad Rojas, aseguró que la campaña invisibiliza a las mujeres y refuerza una masculinidad hegemónica. “Hubiese abogado por una campaña que posicione los derechos humanos de las mujeres como cuestión esencial. Creemos que el foco debe estar en las mujeres, en reforzar su poder, su autonomía, su capacidad de decisión y su conciencia de derechos. Acá no se trata de ser maricón o no, sino de respetar un derecho vulnerado”, aseguró. Rojas recordó que la Red Chilena lleva 10 años impulsando campañas masivas que van en esta dirección.

Cecilia Moltedo, orientadora Familiar y experta en violencia, opina que las autoridades implementan campañas contra la violencia intrafamiliar sin llegar a comprender este fenómeno. Calificar a un hombre maltratador de maricón o de poco hombre es un insulto, una falta de respeto que acentúa el problema, afirma. “¿Acaso la palabra “maricón” no quiere decir que el hombre se comporta como una mujer? ¿No supone una desvalorización más hacia la mujer? Es inexcusable que un organismo que tiene como misión promover la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres divulgue estos mensajes”, objeta Moltedo.

Carolina Carrera, presidenta de Corporación Humanas coincide con Moltedo y explica que la palabra “maricón” está cargada de representaciones del imaginario social sobre lo que significa ser hombre y ser mujer en una cultura heterosexista. “Detrás de esta palabra, referida a un hombre afeminado, está la subvaloración del ser mujer y de los atributos femeninos. En este sentido, la campaña reafirma precisamente aquello que las feministas deconstruimos permanentemente, un orden de género basado en la primacía de un sexo sobre otro”. Herrera concluye que la violencia contra las mujeres no debe atacarse usando los mismos términos del sistema de dominación que se pretende combatir. Por el contrario, afirma, tanto el sistema como los roles de género y los conceptos de masculinidad asociados a él deben ser cuestionados.

Las expertas consultadas consideran que la publicidad del SERNAM genera un mensaje confuso con relación al objetivo de erradicar la violencia contra las mujeres, pues continúa apelando a una definición heterosexista de masculinidad, según la cual las mujeres deben ser protegidas.

Resignificación de un insulto

El Movimiento de Liberación Homosexual, MOVILH es quizá la única organización social que ha apoyado esta campaña. Su presidente, Rolando Jiménez, considera que esta publicidad le ha dado otro significado al término “maricón”; vocablo que, en su opinión, no tiene una connotación homofóbica tan significativa como en otros países de la región. La campaña del SERNAM, afirma Jiménez, le otorga otro referente a esta palabra al asociarla con los hombres que maltratan a las mujeres y no con los hombres homosexuales.

Algunas voces han cuestionado la supuesta resignificación de la palabra “maricón” y el cambio semántico que, según Jiménez, genera la campaña. El escritor Pablo Simonetti, quien declaró públicamente su homosexualidad, afirma que “maricón” tiene una carga de discriminación y dolor. Por este motivo, afirma, este término debería desaparecer de la esfera pública. “La campaña se alimenta de la carga de odio que esa palabra ha tenido y la transfiere a otro lugar de odio y de violencia. A partir de la violencia que esa palabra ha significado, connota otro lugar de violencia. Es como apagar el fuego con bencina. Esta palabra debería ser desterrada”, asevera el autor de La barrera del pudor, La razón de los amantes y Vidas vulnerables.

Para la organización Acción Gay, la campaña del SERNAM es “discriminatoria” y “mal orientada”, al asociar un hecho delictivo como la violencia contra las mujeres con la homosexualidad. Kena Lorenzini, fotógrafa, psicóloga, feminista y activista lesbiana, afirma que el uso de la campaña del SERNAM de la palabra “maricón” como sinónimo de “delicuente” va en el camino contrario de la resignificación positiva de palabras ofensivas como ésta. “Por ejemplo, en inglés, para ofender a un maricón le dicen queer, pero en el contexto norteamericano esta palabra ha sido resignificada. Queer es el nombre de una teoría que se imparte como cátedra en algunas universidades. Empero, por lo pronto es difícil que pase lo mismo con nuestro epíteto chileno”, argumenta. Acaso el título escogido por el escritor y teórico queer Juan Pablo Sutherland para su reciente volumen editado, Nación Marica contradiga esa afirmación.

El MUMS (Movimiento Unificado de Minorías Sexuales), también ha cuestionado la campaña, argumentando que fue implementada en un país que enfrenta una demanda ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos por discriminación por orientación sexual y en donde aún no se ha aprobado una Ley contra la Discriminación. Por lo tanto, explican voceros de la organización, la resignificación del término “maricón” que se le atribuye a la campaña no es exitosa. “Si esta campaña se diera en un contexto en el que se defienden los derechos de las personas no heterosexuales, sería distinto. Pero bajo las actuales condiciones, no es suficiente”, afirman.

Por su parte, Felipe Rivas San Martín, fundador de la CUDS (Coordinadora Universitaria por la Disidencia Sexual), considera que en el marco actual de las luchas por la despatologización de las identidades trans es necesario “sospechar también de cualquier iniciativa que, como ésta, recurra a los temores culturales de una posible incoherencia de sexo/género/orientación sexual como forma de lograr un resultado publicitario”.

La discusión sobre la capacidad de las palabras para hacer daño y las posibilidades que ofrece el lenguaje para su resignificación, fue abordada por Judith Butler en su libro Excitable speech: a politics of the performative (1997). Partiendo de una reflexión sobre el insulto, la autora se pregunta si las palabras en sí mismas pueden herir. Al respecto, la filósofa norteamericana afirma que las palabras no cargan consigo dicha posibilidad, pues, como han afirmado los teóricos del lenguaje, el significado no está atado al significante como un apéndice. En lugar de esto, el insulto, en tanto acto performativo, ocurre bajo determinadas circunstancias que, en palabras de J.L. Austin, permiten que dicho acto sea “feliz”, es decir, eficaz.

En virtud de que el significado siempre está diferido y que el sentido que le atribuimos a determinados significantes debe ser constantemente actualizado, la resignificación de términos como “maricón” es posible. Empero, es necesario preguntarse si la campaña del SERNAM ofrece las condiciones para tal resignificación. O si, por el contrario, enunciados como “Maricón es el que maltrata a una mujer” reafirman el sentido homofóbico y heterosexista del término. Si la campaña pretende persuadir a los agresores para que dejen de maltratar a las mujeres cuestionando su masculinidad, lo más probable es que, al no garantizarse las condiciones para que este cambio ocurra, en lugar de ello, se esté reafirmando el régimen que se pretende resistir.

Publicada em: 24/11/2010

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