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Peru

Feminismo negro em debate

En conmemoración de los diez años del CEDET - Centro de Desarrollo Étnico, se realizó en Lima, del 7 al 9 de julio, el seminario internacional “Escenarios y perspectivas de las afrodescendientes en el Perú, América Latina y El Caribe”. Con la participación de investigadoras internacionales, es la primera vez que las mujeres afroperuanas organizan un seminario sobre feminismo y su relación con el movimiento de mujeres negras. El evento hizo pública la situación de las mujeres afrodescendientes en el Perú, pero más que eso, suscitó una pregunta central para el movimiento de mujeres negras: qué implica un movimiento de mujeres unidas por su identidad étnico-cultural y qué lugar ocupa en él la identidad de género.

Lilia Mayorga y Susana Matute, organizadoras del seminario, reconocieron que en el Perú, a diferencia de otros países de América Latina, todavía no existe un movimiento articulado de mujeres afrodescendientes. Por esta razón, explicaron, era importante propiciar un diálogo en el que las diversas expresiones del movimiento negro y del feminismo plantearan temas de articulación entre ambos movimientos. De todos modos, Mayorga y Matute rescataron los logros en los proyectos emprendidos por CEDET, especialmente los relacionados a identidad y autoestima con mujeres negras en situaciones de extrema pobreza.

En el Perú existen al menos ocho organizaciones que trabajan por el desarrollo de las mujeres afroperuanas: Lundú, CEDEMUNE (Centro de Desarrollo de la Mujer Afroperuana), Todas las Sangres, Asonedh, Mujer Negra y Desarrollo, Asociación de la Mujer Margarita, y la mencionada CEDET. Con diferentes niveles de compromiso con el movimiento feminista, lo que tienen en común estas organizaciones es la perspectiva étnico-racial de su trabajo, por sobre una perspectiva de género.

Muchas de estas organizaciones comenzaron su labor a mediados de los años noventa, sin embargo su trabajo con las organizaciones de mujeres no tuvo mucha visibilidad porque no se reconocía aún una desigualdad de género en el interior de la comunidad negra peruana. La población negra alcanza un 10% del total del Perú pero tiene muy poca o nula representatividad en los poderes del Estado y en la vida política del país en general. Su principal lucha ha sido y sigue siendo contra el racismo y la discriminación, motivo por el cual no se articularon a otros movimientos de mujeres. Sin embargo, Lilia Mayorga ve esta desarticulación con el movimiento amplio de mujeres, como un aspecto que hay que superar. Ella piensa que al estar comprometidas totalmente con la problemática de los afrodescendientes sin una perspectiva de género, sus demandas específicas quedaron relegadas.

Por esta razón, ante la invitación del Ministerio de la Mujer y Desarrollo, MIMDES, a para elaborar la plataforma de las mujeres para el Plan de Igualdad de Oportunidades, ellas participaron activamente. Fue la primera vez que las mujeres negras se reunieron para organizar una agenda propia. “Allí se analizó el proceso de colonización sobre las mujeres negras” explica Susana Matute. Entre los temas que destacaron en esa plataforma estaban la atención especial de la salud para la mujer negra, la discriminación racial y la igualdad de oportunidades de educación y trabajo.

La necesidad de articulación

Para Matute y para Mayorga, el seminario “ha puesto sobre el tapete la necesidad de agruparnos”; ellas ya se consideran un colectivo, pero ahora sienten la necesidad de formar una red nacional de mujeres afrodescendientes a través de la cual discutir plataformas y políticas, explican.

Las diferencias entre las diversas expresiones no parece ser un problema “No sé si somos feministas pero sí creemos en la necesidad de tener un movimiento fuerte y articulado” dijo Susana Matute.

Coincidiendo con esta declaración, el Seminario tuvo como propósito “discutir los factores, las respuestas y estrategias de visibilización de las mujeres afrodescendientes en la agenda política, académica y desde las mismas organizaciones afroperuanas. Poner de manifiesto las características particulares que han configurado la situación actual de la mujer afrodescendiente y cómo esta realidad justifica y se manifiesta en acciones de afirmación e incidencia específicas.”

Con diferencias entre las agrupaciones, con feminismo o sin él, lo cierto es que se han desarrollado estrategias, desde las organizaciones de mujeres negras, tendientes a mejorar la posición de las mujeres dentro de la comunidad. Como explicó Miluska Elguera, de la Universidad de San Marcos (UNMSM), en la ponencia titulada “Mi negritud: reconstrucción desde los estereotipos”, los estereotipos sobre la mujer negra son muy diferentes a los construidos sobre el hombre negro. Sin embargo, argumenta, son negociables y es en esta posibilidad donde se pueden producir cambios.

Fátima Valdivia activista del Programa de Estudios de Género de la UNMSM confirmó esta apreciación al rescatar los escritos de uno de los pensadores más importantes del siglo pasado en el Perú, José Carlos Mariátegui, quien se refería a la sexualidad de la población negra como primitivismo de la tribu africana y libertinaje. “El negro en el imaginario popular siempre ha sido sexualidad, caos y desorden”, manifestó Valdivia.

Para Rocío Muñoz, feminista y coordinadora de Lundú, una de las organizaciones más activas y visibles de los afrodescendientes, el seminario de CEDET ha sido importante para poner en agenda el tema de las articulaciones entre el feminismo y el antirracismo en el debate: “estamos empezando a salir del ghetto, explica, porque no vamos a poder dialogar y organizar una agenda propia si no empezamos a participar como mujeres negras en el debate.” Para Muñoz es necesario “medir el impacto del racismo en el Perú”, lo que hasta ahora no se ha logrado, y al mismo tiempo recuperar para la discusión los derechos sexuales y reproductivos desde una perspectiva del “cuerpo como espacio político”. Según la activista “la articulación es clave” y el seminario ha sido muy importante para facilitar esta estrategia.

Al igual que Mayorga y Matute, Muñoz opina que “el movimiento afrodescendiente centró la lucha de las mujeres en el antirracismo y eso nos invisibilizó. El feminismo puede ser una plataforma importante de derechos para las mujeres afroperuanas y en tal razón constituye un primer paso para levantar una propuesta capaz de incorporar estas dos perspectivas”.

Muñoz también coincide con la afirmación de que el movimiento de mujeres negras no ha avanzado en el Perú como en otros países de América Latina y El Caribe, por diversas razones: su construcción fue quebrada por el gobierno de Fujimori en los años noventa; no ha habido un liderazgo visible de las mujeres afroperuanas; no se ha construido una agenda común, puesto que la agenda del Ministerio de la Mujer no contó con su participación. Sobre todo –Muñoz explica– “no hemos reconocido nuestras diversas experiencias, articulado entre nosotras mismas, ni constituido alianzas con otros grupos como las mujeres indígenas, con el movimiento feministas”.

Muñoz, quien ha realizado diversos talleres de incidencia política con mujeres negras de varios lugares del Perú y de algunos países de América Latina, cree que con miras a un movimiento de mujeres afroperuanas, deben considerar algunos pasos previos: “ennegrecer el feminismo” como plantea la brasilera Sueli Carneiro, feminizar la lucha antirracista y construir un sujeto político colectivo capaz de participar en el espacio público.

“Ya no podemos seguir siendo sujetas de análisis; tenemos que construirnos como actoras, investigadoras, y creadoras de nuestros propios argumentos para el debate público. Por ahora estamos en un primer momento de búsqueda de consenso entre nosotras para lo que requerimos la afirmación de una política de identidad, el trabajo político hacia fuera del movimiento, y por último la articulación nacional” puntualizó la activista.

Publicada em: 22/07/2009

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